viernes, 13 de enero de 2012

Aun pienso en ti.

La mañana era fría con un poco de penumbra; entre las sombras que danzaban a la entrada de la gran fábrica, no podía distinguir entre lo bueno y lo malo que me traería el trabajo hoy. 
 Repensando cosas, este año no me había portado del todo bien, pero quién era yo para juzgarme, quizás siendo mi mismo verdugo terminare conmigo mismo en toda ocasión para interpretarme como el hombre más justo, generoso, respetuoso y perfecto, y bien sabia que ella no pensaba eso de mi, tenía la poca fortuna de no haber hecho de un buen sentimiento un bonito recuerdo. Lo sabía, por eso no me había portado bien este año, no era la persona coherente con la que había trabajado este tiempo, tanto para que al final del año dejara una marca muy especial, una muy singular que había de tener que vivir con ella siempre. Sentía mi boca seca, los labios partidos; no era yo el chico del cual me había jartado en días. Hace meses viví en general con una ilusión como todo muchacho, plagado de expectativas, de llenar un hueco impreso de sueños que en diversidad propia diría que es el mejor motivo para continuar. Yo y mis tontas ideas del “no pasa nada”; había pasado y mucho. 


Mientras seguía caminando a la fábrica recordé sus ojos; esa mirada que con intento de ser lo que no éramos, se convierte en una niebla espesa de sentimientos que no podíamos disipar. Me invitaba a la imaginación. Con gusto al olor cuando tu mirada se cruza con una de sus palabras. Cuando juegan al contacto de labios, es más que un placer carnal y se vuelve un medio de comunicación. Y así de la nada, entre esas sombras en la penumbra venias con esa mirada perdida, llenabas un pequeño espacio de luz porque entre tanta fatalidad sólo te veía a ti. No dijiste nada cuando cruzaste a mi lado. No podía creer que después de tanto recuerdo, de tantas ganas de algún día toparnos a solas era ahora tan vacio y seco. Como dos desconocidos perdidos en un largo vuelo. Tú no eras tú; conservabas tu apariencia física, pero tu esencia no era ya la misma. No sabía qué tipo de persona estaba cruzando a mi lado. Aunque era el mismo aroma, esa figura de tu cara, tus pasos. Ella era, y yo, perdido por un recuerdo que sabía que dentro de poco, sería una mancha borrosa en un sueño de otoño, tu serias yo, y en ese yo, no sé qué pasaría conmigo, porque me faltas tú, no podre repetir nunca más tu nombre, y mientras nos alejamos espalda a espalda me digo: porque tenía que encontrarte esta mañana, cuando el año está por terminar.


(Micro cuento)

Ultimo Libro que Lei

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Inferno // Dan Brown

Los que gustan de seguir la Bretonimia