lunes, 10 de noviembre de 2008

El Otoño de Invierno 2/2

Alberto consigo su nombre de sus mismos labios en la tercera vez que se vieron en la escuela, era una rara expresión de ella. Lizeth, que era su nombre, una chica muy rara para Alberto; por eso esté decidió hablarle, era como una persona distinta entre tantas iguales. Al poco tiempo Alberto pudo invitarla a salir, se veían diario, se intentaban frecuentar en todas partes y lo que debía pasar paso.

Una tarde Alberto el declaro lo que ya había comenzado a sentir por ella desde que se hablaron. El amor flotaba entre ese olor de incienso y una depresión en el ambiente. Ella muy entusiasmada; como niña por un caramelo, lo acepto como su novio, se habían enamorado los dos al parecer, pero después de una semana todo se volvió a un mas raro. El gusto por la literatura para Alberto, le renació mas fuerte y de golpe, las noches se la pasaba escribiendo fragmentos de historias raras y de cosas que el mismo quemo después.
Era como si un no se que lo motivara, era un pequeño sentimiento de escribir, entonces fue como decidió regalarle el primer poema a Lizeth.
Esa tarde de viernes de noviembre ella lo acepto con mucho alago y decidió abrazar a Alberto de una manera muy extraña, como si ella fuera de otra cultura, otra forma de expresar sus sentimientos. Aunque a veces Alberto se sentía ya incomodo por su presencia, la aceptaba pero con una defensiva de algo que no sabia que lo golpearía.

El tiempo paso y noviembre los dejaba ya. Alberto estaba consternado por lo que le pasaba, ya había recibido de su amada Lizeth cinco poemas que él mismo le había regalado, pero devueltos en desorden y con una letra en forma de sangre escurrida pero de tinta negra. Alberto no sabia que hacer. Su novia le había dicho que si era un buen poeta debía acomodar sus poemas de nuevo y que tenia que sentirlos fluir al verlos descompuestos, las frases revueltas y las comas donde no iban, era un martirio. Alberto ya se sentía mal, pero estaba a punto de cumplir un mes de novios. Así que Alberto comenzaba a decidirse por dejarla.
Pero hizo algo, la invito a casa de sus papas, para ver que aria ella.

Esa vez Lizeth fue vestida en todo lo contrario de lo que era, parecía otra, era un chica fresa por así decirlo, no era como se figuraba en las tardes que se veían, con los ojos delineados como gato y ropa negra con zapatos rotos y pantalones de mezclilla roídos por una rata. Parecía ahora, una princesa de cristal, para Alberto pensar que cambiara; no, pero después de llevarla con su padres y verla el otro día, se volvió mas complicado.

Cuando ella le llamaba por teléfono para verse, lo tomaba como posesión de un objeto, era de ir de inmediato si no la chica se enojaría de todo, la relación estaba por demás, muy angustiosa y de defensiva, no era cordial como se pensaba, ya no había gran interés por Alberto, debía cortarla ya o pensar otra cosa.

Pero se dio una circunstancia diferente, una chica que llego al barrio de Alberto, se encontró con él una tarde, Alberto se sintió atraído por ella, pero sabia que solo era por su gran físico; era en verdad una chica interesante. Aunque Alberto se mantuvo cauteloso y se vio con ella a escondidas de Lizeth, por lo menos esto era un secreto mas feliz que el de Lizeth.
Era casi final del mes de noviembre y Lizeth llamo una tarde para verle, de inmediato en el parque, en el quiosco para ser exactos.
Alberto se sintió muy raro, parecía que Lizeth ya sabia algo, esté temió por su propia seguridad y sintió una angustia mas temerosa que la de antes. Trato de aplasarle, de decirle que no podía, pero Lizeth exigió verle, ya.

Alberto accedió y se presento en quince minutos en el quiosco, ella llego mas tarde con el par de primas que Alberto ya les había visto antes. Era como si planearan algo entre ellas dos.
Lizeth se acerco y sus primas se quedaron a cierta distancia observado con unas paletas en boca. Se saludaron cuando se vieron y Lizeth parecía mas rara que antes, platicaron toda la tarde como si fueran novios normales, pero justo antes de irse ella se despidió de él para siempre. Le dio un muñeco cosido de sus extremidades sacándolo de su mochila que esa vez traía cargando y dijo que era un obsequio de despedida, que había ganado la apuesta.
Alberto sintió un golpe en la cabeza un balde de agua fría, <<¿Cómo que era una apuesta?>> Lizeth volteo con cara victoriosa a ver a sus primas y les grito que le debían docientos pesos cada una porque había ganado.
Sus primas rieron como tontas y Alberto trato de abrazarla y no oír eso; a pesar de que era ya incomoda la relación, le dolía oír eso. Pero Lizeth lo empujo aventandolo al suelo, esté cayo y ella se acerco a su cara asustada repitiendole: <>
Lizeth lo decía con tal convencimiento que Alberto sintió un nudo en al garganta, no pudo articular palabra alguna. Lizeth después de haberle humillado, le extendió la mano para levantarlo del suelo, se levanto se sacudió la ropa y se marcho por dignidad dejando a Lizeth riéndose con sus primas entre su mas retorcido juego que el nunca se percato.
Cuando paso por una calle vacía, tiro el muñeco y se fue a su casa. Con un montón de sarteses en la cabeza, no sabia que era lo que había pasado, solo sabia que su intento de ver el mundo exterior le hizo darse cuenta que hay tantas cosas por contar en los libros que decidió dedicarse a escribir de lleno; sin tener la mas remota gana de contar esto después con alguien.

Pero solo el destino lo decidirá.

sábado, 8 de noviembre de 2008

El Otoño de Invierno 1/2

Se había ido el verano como uno de sus rayos de su temporada. El otoño tenia dos días de haber comenzado y Alberto se había aburrido ya; casi todo el verano se la paso escribiendo y estudiando para obtener las más altas notas en la escuela, lo cual nunca lograba.

Cursar el segundo grado de secundaria le tenia un poco entusiasmado y le fascinaba poder escribir entre clases. Pero en fin, una de esas noches de escritura ardua, decidió dejar la pluma y papel; para tratar de ver a su “mundo exterior”; dejo de soñar, de recitar, de leer, para dedicar gran parte a salir un poco; sus amigas de clase, a las cuales les hizo llegar la noticia que les preparaba en el receso del día de clases siguiente, lo tomaron con gusto, por fin verían a su amigo alejado de los libros y de la escritura.

El cuarteto que conformaban; incluyendo a Alberto, tomó mucho más fuerza cuando él les dedico el mayor tiempo posible. Carolina, Esther y Cintia, planeaban algunos salidas después de clases, ya que Alberto había decidido salir de su mundo. Algunas tardes las pasaban en casa de algunos de los integrantes o si no hablando interminables horas por teléfono. Pero Alberto aún decidía tratar de pasarla mejor, así que la decisión llego al extremo de asistir a una fiesta, con algunos compañeros del barrio donde vivía; con quienes nunca salio, porque se la pasaba leyendo...esta vez Alberto les tomó la palabra y decidió asistir a la dichosa fiesta.

Se la paso tan padre que nunca supo como llego a su casa; mucho menos a su cama. Cuando abrió los ojos, un frió le recorría el cuerpo y un dolor de cabeza se comenzó a sentir; casi de inmediato, el reloj anunciaba las seis de la mañana con una alarma; que para Alberto, le pareció estridente.

El alcohol, la desvelada y algunos bailes de rock, lo habían agotado; sintió no haber dormido nada. A pesar de ser viernes, Alberto no tenia ni la mas mínima gana de ir a la escuela, pero su deber; que aun conservaba como estudiante, le ordenaba ir, y cumplir.

Cuando llego a clases; que no la paso del todo bien, entre dolor de cabeza y ganas de vomitar que iban y venían, se dio tiempo para contarles a sus amigas, en el receso, lo de la fiesta; lo que se acordaba, claro. Pero para Alberto, surgió un interés más...tenia que aprender a patinar. Sus amigas; asombradas por la decisión y sabiendo que Alberto llevaba mas llamados de atención en clase, de no llevar las tareas de ingles; que eran las mas recurrentes, ganarse el odio de la profesora de literatura; porque su ortografía era pésima. Sabían que Alberto hablaba en serio; y que su amigo, se había ido a los extremos. Pero para ellas les dolía mucho que perdían al amigo Alberto centrado y bien portado, lo dejaron seguir con su propósito.

Esa noche de viernes lluvioso, Alberto intentaba hacer algo de la tarea que le habían dejado, pero recibió de su prima una visita, quien le confirmo que ella lo había llevado anoche a su casa, porque estaba muy ebrio como para caminar por si solo. Alberto paso toda la noche platicando con su prima y le confirmo que ahora se dedicaría a patinar. Ella no opino del mucho; podría decirse que solo le dio gusto.

Entonces Alberto se dedico a convencer a su padre el fin de semana para poder comprarle una patineta; y el objetivo y propósito se cumplió.

Paso un mes y Alberto había dejado los estudios muy atrás, le dedico noches y tardes enteras al patinaje y a salir con amigos; ya casi no se frecuentaba con Cintia, Esther o Carolina. Parecía haberlas olvidado, pero se encargo de un modo mejor de tardes únicas.

Un día de tantos, oyó entre la platica de los compañeros de patinaje y desveladas, la presencia de una chica que también le entraba al patinaje, era como si una nueva leyenda llegara a retarlos, pero para Alberto le dio igual, era como una de tantas chicas que trataba de imitar el estilo. Así que se dedico a patinar; caídas y golpes, torcidas de tobillos y anexas.

El otoño estaba a punto de convertirse en el mejor para Alberto, pero todo cambio una mañana de el ultimo miércoles de octubre.

Esa mañana Alberto había decidido irse sin mas arreglo; no se peino ni siquiera había decidido echarse desodorante, solo se baño y se marcho a clase de siete. La mañana era un poco fría pero no le importo, se fue solo con las libretas de ese día olvidando los libros y con unas ganas de no asistir.

Cuando acababa la clase de siete pidió permiso para ir al baño. Cuando regresaba de este; que era junto del de mujeres, una chica con un aspecto deprimente se acercaba por el pasillo, eran los únicos en el lugar y cuando se percato de la presencia de Alberto al frente, se retiro las dos cortinas de pelo negro de la cara y miró a Alberto pasar con paso decidido y con una impresión rara de ella.

Cuando Alberto regreso al salón, no se atrevió a contarles a sus amigas, lo que había presenciado, era como si hubiera experimentado en ver a la muerte de cerca, tomó la clase mas interesado que nada esta vez y pensó en la chica todo el receso.

<<¿Cómo no la había visto antes?>> se decía, iban en la misma escuela y se le hacia imposible no haberla visto antes. Alberto se la paso todo el santo día muy raro, como cautivado por esa belleza incesante de la chica; aunque solo hubieran sido unos instantes en el pasillo.

Cuando paso una semana de haberla conocido, la vio por segunda vez en las bancas de la escuela en el receso, estaba con una amiga; al parecer interesadas por la platica. Carolina, la amiga de Alberto se dio cuenta que esté la miraba y le dijo que debía hablarle, que seria un cobarde si no lo hacia; así que el orgullo el ímpetu desmadroso que poseía, lo insito a hacerlo.

Se levanto de la banca en donde estaba con sus amigas y se dirigió con aire amable a la banca de la dichosa chica y su amiga.

Al plantarsele en frente y decirle que si podía hablar con ella a solas, está de nuevo se recorrió sus cortinas de pelo. Era una sensación de nervios pero de interés por los dos, Alberto podía oler hasta donde estaba parado el perfume de incienso que ella tenia impregnado en su ropa. La chica se porto cortesmente, a pesar de verse muy mala onda. Alberto le pregunto nombre y edad. Le dijo que si le encantaría ir a patinar con él y ella le confeso lo mismo, que patinaba también. Así que Alberto se dio cuenta que sus amigos hablaban de esta chica como la nueva leyenda del patinaje.

La amistad se concreto, aunque la chica le dijo el nombre a Alberto, a esté se le olvido y perdió el sentido de sus días, era como unos días oscuros entre un ambiente deprimente y de dolor con angustia disfrazada de risas hipócritas...

sábado, 1 de noviembre de 2008

Ensayo de la Carta

La Carta de Papel contra el Correo Electrónico


Una mañana me dirigí a comprar un sobre para carta, para meter un poema que pensaba regalar, el señor de la papelería me dijo que solo tenia sobre para carta tamaño oficio. <La tradicional> le argumente y este se rió conmigo, pues al parecer mi comentario le causo algo de gracia; pero después de entregarme el cambio el expreso una idea que me trajo hasta este ensayo. ¿Qué representa el que recibas una carta aun de papel? Que se tomen la molestia de escribirte tradicionalmente y no como ahora, con la llegada del Internet y de la tecnología inalámbrica.

De un tiempo para acá, y con la llegada del dichoso Internet, la conexión vía inalámbrica y el celular con la infinidad de comunicación, la forma de comunicarse entre la gente cambio drásticamente, se puede ver tan sólo en la forma en que se la inculcan a los niños menores de 10 años ahora en la actualidad, ya traen desde chicos su celular, los mandas a cursos de computación pa’ que el chamaco aprenda a agarrar esos aparatos que el papá de joven, no pudo tener por la falta de oportunidad.

Pero sin embargo no se expresa como un sentimiento de benéfico para las nuevas generaciones, tal vez y la tecnología nos absorba y sea una necesidad acoplarse a ella, no obstante no debemos de dejar de perder nuestros valores, se puede balancear este proceso y tener en mente una nueva idea de lo que en verdad es necesario y lo que sólo nos atrofia.

El uso del correo electrónico, como uno de los tantos medios de comunicación ha desplazado la forma de escribirse normalmente, ya nadie toma una hoja y una pluma para dedicar sólo unas líneas y decirles lo mucho que las extrañas o que anhelas verlas. Pero si el uso de este medio atrofia la claridad de los sentimientos, es tanto por la comodidad de apretar la tecla y enviarla. Ya el uso del cartero o del famoso “cupido” se perdió en el pasado… ya no he visto gente que lleve un sobre en mano o que toquen mi puerta, y que al abrir sea el cartero y me entregue ese pequeño paquete blanco con dos hojas dobladas. Tal vez y eres afortunado si vas en algún grado escolar y recibas un hoja de libreta con la frase ¿Quieres ser mi novia(o)?.

Pero el uso del correo electrónico se llevo con una constante pelea a la carta de papel, que le gano una gran parte del camino y que trajo en si la nueva era del correo digital, mas aun cuando se habla del famoso “MSN” que este también a revolucionado por completo la forma de comunicarse con los demás, no quiero decir que este en contra, yo también lo uso; es sólo que este igualmente a servido para desprestigiar a la carta tradicional… y ya expuestas estas ideas, me queda mas que decirles que solo ustedes van a elegir quienes quieren ser:

¿La carta de papel? O ¿La carta electrónica?

Ultimo Libro que Lei

Ultimo Libro que Lei
Inferno // Dan Brown

Los que gustan de seguir la Bretonimia